lunes, 7 de enero de 2008

ESTORNINOS


Hacia las seis de la tarde, de estos días de enero. la luz se va volviendo muy tenue y tengo que encender la lámpara.
Poco a poco se va haciendo de noche; y, de la misma manera que se fue apagando el día, va surgiendo un rumor entre chapoteo, chisporreteo y griterío que se va incrementando hasta alcanzar un momento álgido justo cuando ya se hizo completamente de noche. Luego cede un poco y queda como un fondo lejano, apenas perceptible.
Son estorninos, pájaros viajeros que conviven con nosotros de noviembre a febrero.
Por el día son casi invisibles, pero al atardecer surgen de la nada y se concentran para pasar la noche al cobijo de los árboles perennes, sobre todo de las frondosas palmeras.

Ya no son los de hace años, en que suponían una plaga. Cuando formaban nubes negras de formas cambiantes dividiéndose y juntándose, alargándose y comprimiéndose en una danza caótica y controlada. Cuando los árboles eran envueltos en redes intentaban sobrevivir a los detritus pestilentes y corrosivos.

Desde que pusieron los ahuyadores casi han desaparecido. Sólo quedan estos pequeños grupos que sigilosamente aparecen y desaparecen.

Y es que estos monstruos virtuales con ese desgarrador grito de sierra chirriante parecen ser muy efectivos.

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